Software takes command de Lev Manovich Tercera Parte

Dime que software (y como lo) usas y te diré quien eres

De porque el software debe ser un objeto de estudio pormenorizado

La propuesta de Manovich (que retoma iniciativas incipientes anteriores como las de Derek Leebaert (ed) The future of software, o Susan Lammers (ed) Programmers at Work: Interviews With 19 Programmers Who Shaped the Computer Industry) y las sistematiza de un modo excepcional, es definir al software como un objeto de estudio, como un área de práctica para el arte y la teoría del diseño y las humanidades, para los estudios culturales y los estudios en CyT, y como un área emergente de la teoría computacional, pero especialmente de la teoría social de la programación.

La propuesta de Manovich es aplicar al software las variadas y ricas estrategias que se han desarrollado en las últimas décadas para dar cuenta de las complejas interacciones entre tecnología y sociedad, como [ueden ser la teoría del actor-red (a la Latour), la semiótica social (Kresch), o la arqueologia de los medios (Huhtamo & Parikka), y bañar al software en sus intrincados y a veces contradictorios enfoques.

Después de todo el software es una “capa” que atraviesa todas las áreas de la sociedad. Es imposible entender las técnicas contemporáneas de control, representación, simulación, análisis, toma de decision, memoria, visión, escritura e interacción (las obras de Manuel Castells, Alexander Holloway, Michael Strangelove & Bruce Abramson balizan con detenimiento esta problemática), sin prestar debida atención re/deconstructiva a la capa del software.

Es lo que vienen haciendo con una dedicación y un detalle y sensibilidad notables híbridos (programadores + críticos culturales) como Ian Bogost, Jay Bolter, Florian Cramer, Wendy Chun, Matthew Fuller, Alexander Galloway, Katherine Hayles, Matthew Kirschenbaum, Geert Lovink, Peter Lunenfeld, Adrian Mackenzie, Paul D. Miller, William J. Mitchell, Nick Montfort, Janet Murray, Katie Salen, Bruce Sterling, Noah Wardrip-Fruin, y Eric Zimmerman, entre muchos otros.

La softwarización de casi todo

Ha pasado ya mas de medio siglo desde que los únicos lenguaje disponibles para programar eran FORTRAN (1955), COBOL (1959) y LISP (1958), o el lenguaje de algoritmos ALGOL 60. La década del 70 vio emerger lo que serían los lenguajes dominantes en la actualidad como Logo (1968); Pascal (1970), C (1972); Smalltalk (1972), Prolog (1972) y SQL (1978).

Desde entonces cada década vio aparecer unos 10 lenguajes de programación nuevos, cada vez mas adaptados a nuevas arquitecturas de hardware crecientemente mas sofisticadas y potentes (pero siempre con un delay de muchos años). Después de todo ¿quién hace uso de los 6, 8 o más núcleos que traen los procesadores actuales? Desde el punto de vista de la apropiación social de la programación, lo mas interesante para nosotros ha sido la aparición de lenguajes de scripts como Perl (1987), Python (1991), PHP (1995), ActionScript (2000) y Processing (2001), asi como la publicación de APIS para las plataformas mas importantes desde mediados de los años 2000.

A principios del año 2012 había al menos un millón de programadores trabajando en apps para plataformas iOS (iPad & iPhone) y otros tantos se dedicaban a Android. Por algo ya hablaba Martin LaMonica en The do-it-yourself Web emerges de la larga cola de las apps, cuando éstas aun ni existían. Intuyendo la avalanche que se venía, LaMonica insistía en que la gente (nosotros) no solo queremos usar la web, sino tambié entender como funciona, y si fuera posible plegarla a nuestros usos y costumbres (aun los que todavía ni siquiera intuímos).

Aunque distamos de poder programar con la misma facilidad con la que escribimos, ese momento llegará antes temprano que tarde, y todos estos desarrollos colaborarán a esta aspiración. Mientras, la sutura entre el software y nuestras habilidades cognitivas hace posible un proyecto como el de Manovich, que después de madurar 5 años finalmente está disponinle para nuestro exámen y aportes.

La computadora se hace cargo y el Media Software triunfa por doquier

Cuando Donald Norman hablaba a fines de los años 1990 de la Invisible Computer Why Good Products Can Fail, the Personal Computer Is So Complex, and Information Appliances Are the Solution, tenía en claro lo que se venia (o debia venir según sus expectativas ergonómicas). Para él los ingenieros y los programadores debían empezar a entender las necesidades de la gente, privilegiando a los usuarios por delante de la tecnología, a diferencia de cómo sucede hoy en día incluso en el entorno Linux.

Mientras, durante la década del 2000, la computadora pasó de ser una tecnología invisible (en un sentido muy distinto al imaginado por Norman), hasta convertirse en el nuevo motor de la cultura (algo registrado por Invisible Engines How software platforms drive innovations and transform industries).

A Manovich le interesa en particular un tipo de software que damos por descontado y que ha quedado oculto a la reflexión y el análisis. Se trata del software ideado para crear, editar y organizar el contenido de los medios (Media Software). Organizar fotos en Flickr o en Picassa y metaorganizar esa info en blogrolls o lectores de feeds, ha dejado de ser un arcano o una curiosidad estrambótica, para convertirse en una forma de comunicación tan vital como en su momento fueron los formatos en papel. Solo que en vez de miles o decenas de miles de autores lo que tenemos ahora es una escala muchas veces millonarias (en Argentina hay 23 millones de usuarios de Facebook por ejemplom en el mundo 1150 millones).

Nuestra vida cultural ya no se agota en el consumo y en la autoría ocasional de programas o scripts (salvo la de profesionales o expertos), traspasa el software de autor y llega al social software. Los medios que durante siglos fueron privativos de públicos profesionales están cayendo en mano de las masas. Los datos dejan de ser coto de caza de gobiernos, negocios y profesionales y empiezan a interesar a la gente en general. Y si bien todavía somos muy pocos los que usamos Photoshop, Flash, Maya, y otras aplicaciones para crear medios, no lo es menos que es tan importante evaluar esta migración, como la de dar cuenta del modo en que el software no menos masivamente está modificando la cultura contemporánea en todos sus niveles y ámbitos hasta convertirnos en microLeonardos digitales.

(Continuará)

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