Sobre la reapropiación de la tecnología

Otra forma de evitar 'ser programados'

Cuando hablamos de “programar o ser programados” a lo que nos referimos principalmente es a que la tecnología tiene cierto sesgo. Los dispositivos están hechos de cierta forma y responden según cierto modo de funcionar de acuerdo a cómo fueron diseñados. El asunto es que en algún punto limitarnos a actuar de acuerdo a como el dispositivo requiere, limita nuestra libertad. Si sólo operamos con los objetos tal como fueron diseñados para ser operados, no estamos siendo del todo libres.

Apropiarnos de la tecnología es lo que efectivamente hacemos cuando fabricamos herramientas. Tomamos ciertos elementos de la naturaleza y los modificamos para construir algo nuevo que nos permita realizar nuestros propósitos.

La concepción de los objetos como responsables de cumplir un único propósito resulta en la producción de enormes cantidades de basura una vez que ya no pueden cumplirlo. Al no incorporar la idea de que los objetos luego de su propósito original pueden servir a un nuevo propósito (que depende principalmente de nuestra creatividad) se pierde la oportunidad de contar con ellos como valiosa materia prima.

Se vuelve interesante, entonces, ver qué propósito podemos encontrarle nosotros a aquellas cosas que de algún modo perdieron el propósito original. Por ejemplo, se puede tomar latas de aluminio vacías y convertirlas fácilmente en amplificadores de señal WiFi o con un poco más de complejidad, podemos recuperar las lectoras ópticas de las PCs que quizás ya no sirven para leer discos y convertirlas en alimentadores automatizados para gatos.

La basura electrónica como fuente de materiales

Cuando se trata de basura electrónica, en la mayoría de los casos hay algún componente que puede recuperarse. Al interiorizarnos en el funcionamiento de los componentes de los dispositivos – de las partes de las cosas que usamos a diario – podemos reconocer que aunque el control remoto, por ejemplo, ya no sirva como tal, tiene partes que siguen funcionando. Podríamos recuperar los LEDs y resistencias y aplicarlos en cualquier proyecto que lo requiera. La carcasa o mismo el portapilas podría resultar beneficioso para algún hack en el que trabajemos. Lo que tenemos son objetos funcionales complejos que pueden dividirse en otros objetos funcionales de menor o igual complejidad que pueden seguir siendo útiles aunque los primeros ya no lo sean.

A través de la recuperación de aquello que nos sirve de los desechos ejercemos la libertad de hacer que los objetos con los que interactuamos o disponemos funcionen de acuerdo a como nosotros queremos.

Resulta afortunado tener cierta independencia cuando estamos haciendo cosas. Por eso se vuelve tan importante el asunto de disponer de recursos para poder aprender y recuperar como valor el autodidactismo: la capacidad de aprender por uno mismo.

Cuando uno concibe al aprendizaje en la escuela, uno lo concibe como un proceso que va del profesor al estudiante. La idea de que el profesor cuenta con cierto conocimiento que le es transferido al alumno trae muchísimos problemas conceptuales. Para empezar, asume que existe algo así como “el conocimiento” que está definido y “almacenado” en el profesor, que eventualmente puede transmitirlo al estudiante. Eso hace ruido por todos lados. Implica quietud, implica que el conocimiento es algo estanco. Implica que el conocimiento es algo que, como si fuera agua, pasa de un contenedor a otro.

Y eso no es así, o al menos tenemos fuertes intuiciones de que eso no es así como también parecería que tenemos fuerte evidencia de que no es así.

En cambio, podemos tomar otra noción: la del mentor. El mentor no viene a transmitir la luz, sino que es más parecido a la figura de maestro socrático. Sócrates, en su mayéutica, lo que propone es interrogar a una persona para hacer que llegue al conocimiento a través de sus propias conclusiones y no a través de un conocimiento aprendido o pre conceptualizado. Se basa en la capacidad intrínseca de cada individuo, y, según él, supone la idea de que la verdad está oculta en el interior de uno mismo. Entonces, este maestro filósofo, como el mentor y en oposición al maestro escolar, lo que hace es ayudar a la persona a que de a luz  a sus propias ideas.

Estos mentores son personajes como Morfeo de “The Matrix” o el maestro Yoda de la saga de “Star Wars”. El mentor es la persona que nos va a orientar, nos va a dar las herramientas técnicas y conceptuales y nos va a destrabar. Efectivamente, tiene más experiencia que uno mismo y probablemente se haya encontrado previamente con algunos de los errores que cometemos o los problemas a los que nos enfrentamos y haya tenido que resolverlos oportunamente.

Este rol del mentor, en la actualidad, puede ser cumplido por varias figuras diferentes. Mientras que en el pasado el mentor estaba relacionado con aquel que velaba por el bienestar de sus discípulos y procuraba su enseñanza, muchas veces aislados en abadías o academias, ahora el mentor podría ni siquiera ser una sola persona. El “mentor” ahora podría ser entendido como una comunidad entera y de esta forma tenemos comunidades de mentoría.

Uno de los ejemplos más elocuentes de este tipo de comunidades es Instructables, donde justamente lo que la gente hace es subir sus propios tutoriales. Se suben tanto tutoriales para hacer una torta de chocolate como tutoriales para hacer el alimentador automatizado de gatos que mencioné más arriba. En este caso es la comunidad la que empieza a funcionar como mentora, y el conocimiento ya no tiene siquiera sentido concebirlo como algo que está definido y es transmitido de unos a otros, sino más bien es afortunado concebirlo como siendo construido entre todos.

Porque el conocimiento en estos casos es generado de forma horizontal y ya no vertical. No hay clara transmisión de conocimiento de un maestro a un estudiante, sino que hay transmisión de conocimiento en red. El conocimiento es construido y transmitido entre todos. Esto recae en la recuperación de lo amateur.

El amateur, del francés ‘amante de’, es aquella persona que se entusiasma por cierta ocupación, estudio o ciencia de una manera no profesional. La mayoría de ellos no tienen estudios formales en el tema que los atrapa y son autodidactas. No es que en las comunidades mentoras no haya expertos (los hay y a montones) sino que los participantes suelen preferir reconocerse, justamente, como amateurs. Este reconocimiento de cada uno como alguien que tiene cierto conocimiento de algún interés, pero hasta un punto.

A pesar de la presencia de los expertos, la sinergia se da a partir del conocimiento fragmentado entre los participantes de la comunidad, que será tan único como los intereses de cada uno de ellos.

Algunos hacks






Deja un comentario

 

Últimos artículos

Big Brain Project

Todos somos inventores*

Abrir la caja negra