El rol de las ilustraciones en un mundo cada vez más digital

Ilustración historia

 

 

La palabra Ilustración, del verbo ilustrar, viene del latín illustrare, que significa iluminar, alumbrar, sacar a la luz, divulgar. Hoy en día, solemos hablar de ilustraciones para referirnos a las imágenes que acompañan a un texto, ya sea en una revista, un libro; que en cierta forma amplían o ayudan a comprender la información contenida en el texto.

Los primeros ejemplos de ilustraciones más similares a esta definición datan de la Edad Media, en la forma de los famosos libros iluminados. Se trata de manuscritos, por lo general de carácter religioso y confeccionados por monjes, donde el texto era complementado con la adición de decoración, ornamentando las letras capitales, los bordes o incluyendo miniaturas. Sin embargo, con el advenimiento de la Imprenta de Gutenberg, este tipo de ilustraciones se fueron abandonando y paulatinamente comenzó a incorporarse la xilografía como método de impresión para las ilustraciones.

Esta técnica alcanza su máxima expresión de la mano de Thomas Bewick que introdujo el grabado sobre madera de boj que permitía incorporar muchos más detalles a la ilustración. Surge así una nueva figura en el panorama editorial: el dibujante, que destinaba sus creaciones a esta industria, tanto para libros, como para revistas o periódicos. Las ilustraciones realizadas por el dibujante eran luego traducidas en el taller de grabado, en una dinámica similar a la que se da hoy en día entre ilustrador y editor.

Con el correr del tiempo, la ilustración fue evolucionando de la mano de las novedosas técnicas de impresión, adquiriendo cada vez más funcionalidades utilizándose por ejemplo como medio publicitario, claro ejemplo de esto son los trabajos del afichista Cassandre.

Hoy en día, el área de influencia de la ilustración continúa expandiendo sus fronteras, emergiendo en la industria editorial, en el área de la publicidad y también de forma decorativa.

Pero, ¿cuál es la verdadera importancia de la ilustración? A la hora de mirar una revista, leer el diario, o visitar nuestros blogs favoritos, ¿qué es lo primero que salta a la vista? ¿qué llama más nuestra atención?

Desde que Internet se convirtió en un nuevo/viejo medio nos acostumbramos a la instantaneidad, a hacer todo en el momento; nos surge una duda, la googleamos, necesitamos contarle algo a un amigo, lo llamamos, lo whatsappeamos, tenemos que pagar una cuenta, la pagamos en el momento desde nuestro home banking.

Teniendo a mano un dispositivo con una conexión a Internet decente, podemos satisfacer con un par de clicks muchas de las demandas de nuestro cerebro; demandas que, por otro parte, hasta hace unos pocos años no se nos presentaban con la urgencia que revisten hoy en día.

Entonces, cuando la respuesta a alguna de esas demandas se encuentra en la forma de un texto de extensión considerable, nos impacientamos, queremos tener la respuesta ya, clara y concisa, no tenemos paciencia para buscarla entre los miles de caracteres.

Leemos el primer párrafo, pero ya vemos que tenemos una notificación en Facebook y perdemos el foco, alguien nos habla por Google Talk, alguien nos menciona en Twitter, cualquier excusa es buena para distraernos; por eso, entre otras cosas, la cultura de la imagen se fortaleció en los últimos años.

Mientras que la lectura de un artículo nos demanda varios minutos, una imagen se observa en tan sólo algunos segundos, y por otro lado, llama más nuestra atención; después de todo, ¿quién no prefería de chico los libros con dibujitos a los que eran sólo letras? Quizás la trillada frase “una imagen vale más que mil palabras” es el leit motif de nuestra época.

Por otro lado, la posibilidad de publicar imágenes en Internet abre un nuevo panorama al mundo de la ilustración, porque su campo de trabajo ya no se restringe exclusivamente al medio editorial en su sentido tradicional, es decir al material impreso, ahora invade cualquier medio de comunicación y lo que es más, sin necesidad de armar originales, de pagar caras impresiones, de gastar papel.

Nuestras publicaciones se pueden acompañar fácilmente por ilustraciones y los ilustradores a su vez encontramos una excelente manera de dar a conocer y promocionar nuestro trabajo. Sin embargo, es difícil para nosotros y para muchos, desdeñar el valor (y hasta el cariño) de una obra bien impresa, del olor y la textura del papel, de la fascinación que ejercen las tintas especiales en nuestros ojos, del tacto de la tinta, de la posibilidad de manipular un objeto físico.

Todavía no se puede decir si todos estos cambios en las formas de visualización de la información son positivos en sí mismos, por el momento se trata de hechos y cualquier análisis acerca de su incidencia puede parecer apresurado. Lo esperable sería que esta predominancia de la imagen no anule otras formas de adquirir conocimiento, sino que las complemente, las enriquezca, las ilumine.

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